Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
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En Canadá se ha creado un enorme "templo cultural educativo", cuyo propósito es inculcar la "tolerancia progresista", que incluye el relativismo moral y la antirreligiosidad a alumnos de primaria y secundaria, que recibirán allí obligatoriamente cursos y clases.
También habrá seminarios para policías, militares y políticos jóvenes, con un museo de "historia de la intolerancia", en el que el catolicismo ocupa un lugar principal.
Tendrá aulas dedicadas a los que consideran "campeones" de "derechos sexuales y reproductivos" y de parejas del mismo sexo. Este complejo se llama Winnipeg's Museum for Human Rights y conmemora la Carta de Derechos y Libertades, promovida por el ex primer ministro Pierre Trudeau, al que la comunidad gay admira con veneración.
El financiamiento proviene de la Fundación Trudeau, Egale Canada, Equal Marriage for Same-Sex Couples, la Comisión Canadiense para los Derechos Humanos, la Misión Permanente de Canadá ante la ONU, Women's Legal Education and Action Fund (LEAF) y el gobierno federal, con dinero de los contribuyentes, entre otros. Sus fundadores son Maurice Strong, alto funcionario de la ONU y del Banco Mundial, y otros comprometidos como Ted Turner, Mikhail Gorbachev, Al Gore, el ex primer ministro Jean Chretien, y el actual primer ministro Paul Martin.
El 19 de julio, unas horas antes de legalizar las uniones entre homosexuales en Canadá, la radio del Estado presentó al expositor Bob Ferguson, del Royal Military College, exponiendo el programa: "Crear una legislación que regule la práctica de la religión", controlando especialmente a la religión católica. Ferguson exigió que el Estado controle la Iglesia para evitar que ésta "viole los derechos humanos" que, según él, son, por ejemplo: excluir del sacerdocio a las mujeres, o calificar de inmorales las uniones maritales que no sean entre un hombre y una mujer.
Por otro lado, en unas revistas electrónicas de una de las filiales de la Federación de Paternidad Planificada Internacional (IPPF), llamadas "Gente joven", "Ambiente joven" o "Teenwire", dirigidas a niños desde 10 años, promueven todo tipo de desórdenes sexuales como normales. Como ejemplo he copiado algunos extractos sobre lo que les dicen sobre la "bisexualidad":
"He tenido relaciones sexuales tanto con chicos como con chicas, y me gustan los dos. ¡El sexo de la persona no me importa, un ser humano es un ser humano!".
"El fin de semana pasado te quedaste a dormir en la casa de tu mejor amiga. Tú eres mujer, ella también... Te besó y tú respondiste... Pareció gustarte... Pero ambas tienen novio... ¿Qué significa? ¿Eres lesbiana, heterosexual, bisexual? "¡Socorro! ¡Gran drama! Pero hablando en serio, no es para tanto".
"Creo que la bisexualidad ofrece lo mejor de ambos mundos, duplica tus posibilidades de conseguir alguien con quien salir el viernes por la noche".
"La orientación sexual es parte básica de la identidad de cada persona, y los homosexuales son tan amorosos, éticos, productivos, inteligentes, bellos y humanos como los seres heterosexuales. El amor entre el mismo sexo es normal, saludable, y con las mismas probabilidades de llevar a relaciones satisfactorias, felices y serias que el amor heterosexual".
También tienen una página que les dice a los adolescentes que ellos necesitan abortivos -que llaman "anticonceptivos de emergencia"- "seguros y fáciles de usar", sin receta médica, tal como sucedió en la campaña dirigida a niñas desde 12 años en 70 escuelas en Sonsonate.
Este abortivo fue defendido públicamente por el Consejo Superior de la Salud, diciendo que no hay pruebas científicas de ser abortivo y que "no puede basar su decisión en aspectos religiosos". De nuevo se ataca la religión, que nunca fue utilizada para pedir que se quitara del mercado este abortivo, y además usaron la argumentación falaz y absurda de que la vida humana comienza en la implantación. Aprovecho para recordarles que nuestra Constitución dice "concepción" no implantación.
A toda esta corrupción de menores la llaman "educación" sexual. A los padres de familia que queremos dar una educación sana y moral a nuestros hijos nos llaman intolerantes, y pretenden quitarnos el derecho de decidir cómo hacerlo. A los que practicamos nuestra fe y deseamos inculcar los valores cristianos en nuestras familias, porque sabemos que es lo que nos ayudará a ser personas de bien, nos tildan de fanáticos y fundamentalistas.
¿Quiénes son los verdaderos intolerantes, fanáticos, radicales? ¿Quiénes son los que intentan imponer sus "modas progresistas"? ¿Qué mundo les espera a los futuros jóvenes si los padres de familia no toman responsabilidad de la educación de sus hijos y defienden sus derechos? Todos podemos hacer algo, no dejemos en manos de otros lo que nos compete a cada uno, si no, después no podremos ni quejarnos.
*Columnista de El Diario de Hoy. |